El Futuro del Capitalismo

Vivimos en la época más optimista en toda la historia de la humanidad.

Decir esto suena casi ofensivo considerando que estamos en la mitad de una pandemia global cuyo fin no está en el horizonte cercano, que se acerca la recesión económica más importante de las últimas décadas, que el calentamiento global y los desastres naturales están amenazando nuestra coexistencia con el planeta y que además las redes sociales se encargan de recordarnos estas y otras desgracias todo el tiempo. 

Pero es verdad: los tiempos en los que vivimos nunca han sido mejores. Hoy estamos cien veces mejor que la gente del siglo XIX. Las cifras están muy claras: 17% de la población mundial sobrevive actualmente con menos de un dólar al día. Es un porcentaje importante, pero hace doscientos años esta cifra era del 80%, tomando en cuenta la referencia como un indicador de pobreza extrema. La esperanza de vida se ha duplicado prácticamente desde principios de 1900. Mientras que una línea de teléfono de casa era un lujo a principios del siglo XX, actualmente el 60% de la población está conectada mediante internet, que abre un universo sin precedentes de comunicación y conocimiento. 

Al ver todas estas cifras, hay algo que inmediatamente atrapa la atención: el momento en que la humanidad empezó a mejorar en diversos aspectos coincide con el inicio de la revolución industrial y, por consecuencia, del capitalismo. 

Este término hoy tiene una connotación negativa. Las décadas recientes han hecho que el capitalismo se asocie con conceptos o figuras controvertidas: la avaricia de los grandes financieros, ilustrada por “El Lobo de Wall Street” o la frase “greed is good”; los corporativos que se quedan con un enorme margen de ganancias a costa de trabajos de salario mínimo; los desastres naturales provocados por decisiones que dan mayor prioridad al verde de los billetes que al de la naturaleza. La crisis del sistema financiero de 2008, desatada por la codicia de bancos que, en su afán de alcanzar sus propias métricas y objetivos de negocio, otorgaban hipotecas a personas que no eran sujetos de crédito. Desde entonces, la confianza en las instituciones que regulan la economía capitalista -desde bancos hasta reguladores y los dueños del “big business”- ha ido en declive no solo en Estados Unidos, sino en el resto del mundo.

Pero a pesar de todo esto, soy el primero en estar convencido que el capitalismo sigue siendo vigente, incluso más que antes. ¿Por qué? Tengo tres principales razones:

 

    1. Las empresas son éticas por naturaleza. Como dice el autor y activista Raj Sisodia, todas nacen a partir del intercambio voluntario de la propiedad. Es decir, surgen de la interacción que genera la oferta y la demanda. La libertad del mercado permite que se ejerza esta voluntad. Claro, en teoría esto es mucho más idealizado que lo que ocurre en realidad. Pero si capitalismo es sinónimo del potencial de la libertad económica, entonces vale la pena defenderlo.
    2. El capitalismo no es sinónimo de desigualdad, del mismo modo que la generación de dinero no es igual a avaricia desmedida. Si la desigualdad está presente hoy en el mundo, no es porque el capitalismo no sirva, sino porque los humanos lo estamos practicando mal. La implementación del sistema no es el correcto. Hay varias empresas que demuestran que la ética no está de ningún modo peleada con la generación de dinero, y que la sociedad en la que viven y a la que le retribuyen es equitativa. De hecho estas empresas éticas y socialmente responsables suelen tener una rentabilidad mayor a sus competidores. 
    3. Es el sistema económico más funcional hasta el momento. La competencia y la innovación son requisitos para un sistema capitalista, pero ambos dependen de la preexistencia de la libertad política. El capitalismo como sistema económico ha demostrado que los regímenes en donde florece son invariablemente democráticos, y se puede argumentar fácilmente que la democracia es el sistema político que, a pesar de sus fallas, sigue siendo la mejor versión de la sociedad ideada por los propios hombres. Como dijo alguna vez Winston Churchill en el parlamento inglés, “la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las demás que ya se han intentado.” Algo similar podría decirse sobre el capitalismo. 

 

 

Lo que pasó en 2008 dejó en evidencia algunos de los problemas más complicados del capitalismo: las ganancias encima de todo lo demás, la marginación de minorías y quizá más importante, la falta de confianza en las instituciones financieras y gubernamentales. Después de estos doce años, lo que nos queda claro es que podemos vivir en un mundo donde las partes del capitalismo que sí funciona se rescaten y con ellas se mejore el sistema. Lo que no sirve, habrá que volverlo a imaginar. 

Aquí es cuando hace eco el llamado hacia el “capitalismo consciente”. El término fue creado por el propio Raj Sisodia y John Mackey, fundador de la tienda Whole Foods, cuando en 2013  ambos publicaron el libro Conscious Capitalism, que ya es un clásico del tema. ¿En qué consiste esta reimaginación del capitalismo?

Básicamente los autores argumentan que los negocios y el capitalismo pueden trabajar en conjunto para crear valor para todos los que están involucrados con una empresa de una u otra manera: desde los clientes hasta los empleados, proveedores, inversionistas, sociedad y, por supuesto, el medio ambiente. 

Los ejemplos de empresas como Costco, Patagonia (el fundador de esta empresa, Yvon Chouinard, también tiene una filosofía muy interesante sobre la responsabilidad social que tiene las empresa y que expone en este libro), y la propia Whole Foods dejan claro que una operación rentable puede coexistir con un tratamiento humano y socialmente ético. El libro de Mackey y Sisodia deja muy en claro que una empresa tiene que generar dinero para aportar a la sociedad, ya sea mediante el ingreso económico que da a los empleados y su cadena de valor, como su aporte social para responder a alguna necesidad de la humanidad. 

Además, el libro resalta el hecho de que las empresas necesitan líderes que sepan hacia dónde y cómo dirigir la empresa. Aunque esta filosofía no dicta que los altos ejecutivos deban ser omnipotentes, sí menciona la importancia de un liderazgo consciente guiado por un propósito mayor al de solo crear dinero o alcanzar objetivos de ventas. En otras palabras, los líderes empresariales deben entender su rol como guías sin dejar de lado la humildad que requiere siempre seguir aprendiendo. 

Además de tener un propósito elevado y del liderazgo consciente, hay otros dos pilares fundamentales del capitalismo consciente: la orientación hacia los “stakeholders” y la cultura consciente. 

 

La orientación hacia los stakeholders se refiere a enfocarse en todos los entes y personas en el ecosistema de negocio. Esto es contrario a la teoría clásica de Milton Friedman que exponía que los negocios únicamente existían para maximizar la rentabilidad de los accionistas. Dentro de este ecosistema existen varios agentes: clientes, empleados, proveedores el medio ambiente, y los mismos accionistas. La clave es ver cómo promover y tomar en cuenta a todos para poder crear un modelo de negocio que sea ganar-ganar para todo el ecosistema. 

Por último la cultura consciente es poner en acción a través de principios, valores y conductas observables todas estas prácticas que mencionamos en este texto. Es la manera de vivir el capitalismo consciente dentro del ambiente laboral.

Por cierto las empresas que siguen este framework de capitalismo consciente tienen un rendimiento 10x mejor en términos de rentabilidad financiera y de retorno sobre inversión.

Los promotores de un capitalismo consciente no solo se concentran en Estados Unidos. Sería ilógico que así lo fuera, considerando que el mundo (a pesar de la pandemia actual que atravesamos) está interconectado como nunca antes en la historia. Hay una comunidad importante de este movimiento en la comunidad hispana que pueden encontrar aquí

Por último y para seguir pensando en este tema, te comparto un par de mis citas favoritas de John Mackey en su libro y un TED talk de Raj Sisodia: 

“Yo elegí crear una empresa, porque estoy convencido que una empresa centrada en valores conscientes puede contribuir a la humanidad más que ninguna otra organización en la sociedad.”

“Esto es lo que sabemos que es cierto: las empresas son buenas porque crean valor, son éticas porque están basadas en el intercambio voluntario, son nobles porque pueden elevar nuestra existencia, y son heroicas porque pueden sacar a la gente de la pobreza y crear prosperidad.”

Aquí el Ted talk: