La importancia de la descentralización

Aunque no estés tan activo en el mundo de las criptomonedas o no hayas escuchado sobre el potencial del ecosistema DeFi, seguramente has visto mucho la palabra ‘descentralización’ últimamente. 

No es una coincidencia. El término se volvió bastante común en los medios de comunicación e incluso en los reportes corporativos a partir del 2017, cuando el Bitcoin comenzó a ganar popularidad y cuyo valor subió de manera exponencial.

Pero al hablar sobre descentralización, hay que considerar muchas otras áreas además de crypto que podrían verse transformadas por la eliminación de intermediarios. 

Comencemos con el hecho de que todas las interacciones que realizamos actualmente dependen del beneficio que recibe un tercero: por ejemplo, las comisiones de quienes gestionan pagos, los gatekeepers de las aplicaciones que usamos en los teléfonos (como GooglePlay y la AppStore), e incluso los jefes o gerentes que supervisan el trabajo que hacemos todos los días. 

No es que sea algo malo, pues el beneficio de todas las partes involucradas en una transacción es parte de la esencia misma del sistema capitalista en que vivimos. Pero es precisamente esta alteración en el funcionamiento actual de las cosas lo que podría llegar a ser revolucionado por la descentralización. 

Por eso, son estos tres escenarios –el sector financiero, el Internet y la vida laboral– los que quiero abordar en este artículo como ejercicios de imaginación sobre lo que realmente podría llegar a transformarse con esta tendencia.

El sector financiero

Claro que todo el ecosistema de decentralized finance, o DeFi, es el mejor ejemplo del potencial de la descentralización. Como lo comenté anteriormente, el blockchain de Ethereum es una plataforma de código abierto (open source), capaz de programar contratos inteligentes. Es decir, puede ejecutar código autónomo programado con condiciones simples y complejas, con lo cual prescinde de una entidad central de la cual dependa su funcionamiento.

Sin embargo, más allá de las especificaciones técnicas de la descentralización financiera basada en Ethereum, consideremos realmente las implicaciones que esto puede tener en el día a día. Si se eliminara a los intermediarios financieros –los bancos, los prestamistas, los hedge funds, los inversionistas–, ¿cómo se vería el mundo? 

Actualmente dependemos de todas estas instituciones para poder acceder a servicios financieros. Por eso no sorprende que el valor del sector financiero a nivel mundial alcance los $26.5 billones de dólares (US trillion) en 2022 según Investopedia, o que 5 de los 10 trabajos que más dinero generan en el mundo estén relacionados con este sector.

De brincarnos a los intermediarios y crear una red de transacciones que no dependiera de instituciones complejas y con frecuencia burocráticas, sino de un protocolo automatizado e incorruptible, ¿qué sería de todo este enorme sector? ¿Qué pasaría cuando personas que nunca han tenido acceso a servicios financieros, de repente lo tengan? Sin duda, sería un cambio muy significativo para economías con mucha desigualdad o rezago en inclusión financiera.

El internet

Hoy en día estamos viviendo la llamada Web 2.0, o la segunda iteración del internet. La primera ocurrió en los años 90, cuando todavía pasábamos tiempo en AOL y no sabíamos bien qué hacer con toda esta nueva tecnología. En contraste, la Web 2.0 está basada en las plataformas, o aquellas empresas gigantes en occidente que están a cargo de todas las actividades que realizamos en línea. 

Actualmente, necesitamos un navegador como Chrome para poder buscar cosas en internet, una cuenta en Amazon o MercadoLibre para poder realizar transacciones, presencia en Gmail para enviar y recibir correos, e incluso un perfil en alguna red social como Twitter para expresar alguna opinión. Pero, ¿qué pasaría si el rol que desempeñan estas compañías pudiera ser sustituido por un blockchain que no fuera impulsado por el hambre de ganancias financieras, sino por el anonimato de protocolos descentralizados? 

Por lo menos esta es una de las ideas propuestas por Balaji Srinivasan, un tecno optimista que ha explicado con frecuencia que el futuro del internet será descentralizado. (A quien, por cierto, recomiendo mucho seguir en las redes sociales). El tipo de descentralización extrema que propone gente como Balaji propone es eliminar a todas estas compañías y lograr una operación mucho más justa con los usuarios del internet. 

Y en sectores como el de las redes sociales, en donde los incentivos tecnológicos han provocado una polarización social y política en la sociedad, este tipo de desvinculamiento podría ser particularmente benéfico.  

La vida laboral

Lo que provocó la pandemia en términos de la vida en oficina y su traslado al hogar no fue cosa menor. Muchas empresas y empleados actualmente están debatiendo si vale la pena devolver a la fuerza laboral a los espacios corporativos o mantenerlos en sus hogares. 

De manera paralela, ha surgido también una tendencia en algo conocido como decentralized workspace. Por supuesto que está vinculado con la descentralización tecnológica que permite el blockchain (por ejemplo, en el caso de contratos inteligentes que se gestionen solitos y eliminen cuellos de botella en flujos operativos de trabajo), pero este término se refiere más a una separación física del espacio laboral. El propio WeWork utiliza el término office decentralization para referirse a la nueva tendencia de acercar las oficinas a los empleados y no al revés. 

Pudiera parecer irrelevante, pero pensémoslo de este modo: si actualmente las ciudades están hechas principalmente para que vayamos y volvamos al trabajo, ¿qué pasaría si esta descentralización de la oficina se volviera mainstream? ¿Cómo reimaginaríamos nuestras ciudades, donde actualmente las mejores zonas están destinadas para centros corporativos?

Estas solo son algunas ideas de lo que podría llegar a pasar si la tendencia de la descentralización tuviera un efecto dominó en el resto de nuestras vidas. Hay quienes dicen que estamos muy lejos todavía de ver este cambio, pero yo creo que, es una posibilidad que sí tenemos que tomarnos muy en cuenta. El futuro ya está aquí. 

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