Mujeres inversionistas

Participar en el mundo financiero históricamente ha sido considerado como algo reservado sólo para cierto tipo de personas. ¿Cuántas veces no hemos relacionado la frase “portafolio de inversión” con la imagen del hombre de negocios con camisa y corbata que discute por teléfono mientras está en el trading floor?

Afortunadamente, las nuevas tecnologías están permitiendo que se diversifique el interés por el mercado bursátil: desde gente más joven fascinada por los activos alternativos como el Bitcoin hasta los famosos redditors que han encontrado un nuevo pasatiempo durante la pandemia. Pero invertir sigue siendo un tema tabú para un sector importantísimo de la población, particularmente en México: las mujeres.

No pretendo generalizar y decir que absolutamente todas las mujeres están alejadas del mundo de las inversiones. Nada está más lejos de la realidad, y dos claros ejemplos son Stacey Cunningham, presidenta del New York Stock Exchange desde el 2018, y María Ariza, quien ha dedicado su carrera a este sector y actualmente es nada menos que CEO de BIVA, la segunda bolsa de valores en México. María es un verdadero estandarte del rol activo que las mujeres tienen cada vez más en el mercado bursátil mexicano. 

Lo que sí quiero es destacar que aunque son fuerza clave la economía, la participación que las mujeres tienen como inversionistas activas suele estar muy reducida. Según datos de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera de 2019, el 58% de los hombres son propietarios de activos versus 35% de las mujeres. Dentro de nuestros clientes en GBM+ (que ya tenemos más del 70% de las cuentas activas de inversión del país) apenas el 26% son mujeres, aunque esta cifra ha aumentado de manera considerable los últimos 2 años.

Ahora, ¿por qué pasa esto? Hay muchos factores que pueden explicarlo, pero un indicador importante es que ellas prefieren ahorrar a invertir. La mayoría de los ahorradores son mujeres: aunque el 33.9% de las mujeres ahorra de manera informal y solo el 16% en mecanismos formales, según cifras del INEGI. En contraste, solo el 30.9% de los hombres ahorra informalmente y el 14.3% lo hace de manera formal. 

Esto puede comprenderse por dos razones: primero, que las mujeres suelen ganar menos que los hombres, por lo que deben estirar al máximo sus ingresos. La Comisión Nacional de Ahorro para el Retiro estima que el saldo de pensiones que puede acumular un hombre durante su vida laboral es 14.7% mayor que el de las mujeres. (Recordemos que la pensión se calcula a partir del salario base de cada persona). Ahorrar para gastar en el futuro puede significar un mecanismo para contrarrestar las limitaciones del presente. Además, las mujeres suelen vivir más que los hombres: su esperanza de vida es de 79.2 años mientras que la de ellos es de 74 años. Si vives más, necesitas más dinero.

La segunda razón es que las mujeres suelen tener más aversión al riesgo que los hombres. Los debates al respecto son muy amplios: algunos dicen que es una cuestión biológica, otros que es sociocultural, y otros más a que responde a las disparidades de salario de las que hablábamos antes. Sea como sea, las cifras parecen comprobarlo. Incluso en Bitso, el principal exchange de criptomonedas en América Latina, ha compartido información interesante al respecto. En un panel que realizaron en el marco del Día de la Mujer hace unas semanas, varias ejecutivas de Bitso compartieron que muchas de sus usuarias mujeres en Argentina, por dar un ejemplo, utilizan las criptomonedas más como vehículo de ahorro que como de preservación de valor. Encontrar los casos de uso de este tipo, definidos por el género de las personas que los usan, sí puede lograr que se digitalice más rápido a la población en términos digitales. 

Yo soy un firme creyente de que todos deberían invertir más, pero ahora es un momento particularmente clave para que las mujeres lo hagan. Entiendo por qué para ellas ahorrar es clave: muchas son jefas de familia –esto ocurre en el 29% de los hogares en el país, según el INEGI– y proveen el sustento, por lo que además de ser amas de casa les toca administrar los ingresos. El ahorro parece una práctica muy obvia para sus necesidades. Sin embargo, las inversiones pueden superar los beneficios del ahorro simplemente al considerar los rendimientos producto del interés compuesto del que ya hemos hablado anteriormente. 

¿Otras razones por las que deberían invertir más? Aquí hay tres:

  • Invertir significa fortalecer la independencia financiera.

Desafortunadamente, muchas mujeres dependen de sus parejas o familiares en cuestiones financieras. Para cualquier persona, el poder de tomar decisiones sobre su propio patrimonio es el primer paso para realmente tomar control de sus vidas y alcanzar su máximo potencial. Por eso, decidir cómo disponer de su dinero, aún cuando es una cantidad pequeña, es un paso importantísimo de independencia de las mujeres. 

  • Invertir no tiene por qué ser un riesgo

Cuando hablamos de inversiones, uno no tiene por qué volcar todo su patrimonio y ahorros a adquirir acciones o a tomar riesgos altísimos. La clave es saber invertir. Hay muchos productos o estrategias financieras –como los CETES o smart cash, la estrategia del DCA e incluso ciertos ETFs cuya principal característica es precisamente el bajo riesgo– que se adaptan a un perfil de inversionista dispuesto a invertir a largo plazo a cambio de rendimientos seguros. Si la razón por la que las mujeres deciden no invertir es por temor a que se pierda su dinero en una mala movida, con estas opciones ahora no hay excusas, el verdadero riesgo es no invertir.

  • Las opciones para invertir están más diversificadas que antes. 

Además de que más personas tienen más acceso hoy en día a plataformas o mecanismos de inversión, también son más los distintos activos en los que pueden invertir. Ya mencionábamos los ETFs y el plazo fijo, pero también se pueden considerar los activos alternativos –que van más allá de las criptomonedas e incluyen al arte–, los fondos de inversión  o la estrategia de DCA.

Otro factor que es clave para que más mujeres inviertan es que se vayan despidiendo del miedo a preguntar o investigar. La desinformación financiera es un problema generalizado en México, pero afecta principalmente a las mujeres: mientras el 41% de los hombres adultos tienen una cuenta bancaria, esta cifra es del 33% para ellas. Es decir, casi el 70% de la población femenina en México no tiene cuenta bancaria, por lo que no tiene acceso a créditos y las puertas se les cierran al intentar solicitar algún otro producto financiero. 

Al invertir en educación financiera para que las mujeres conozcan no sólo acerca de la importancia de tener una cuenta de banco, sino de todo lo que pueden hacer para multiplicar su dinero sin que esté debajo del colchón o en una cuenta de ahorro, habría una consecuencia muy positiva para todos. En el mundo hay más mujeres, hay más lideres familiares mujeres, necesitamos más mujeres que lideren las empresas y también más mujeres inversionistas. ¡Hay que escucharlas e impulsarlas! 

En conclusión el 70% de las cuentas de inversión en México, son de hombres, pero el 60% de las ahorradoras son mujeres. Al igual que es extremadamente importante tener equidad de género en las oportunidades laborales y la compensación, el que exista equidad en la capacidad y conocimiento para que más mujeres inviertan va a ser fundamental para lograr equilibrar la balanza y cerrar la brecha de género. Hay que romper los paradigmas financieros. Las mujeres lideran las familias, lideran los negocios. Es hora que lideren las inversiones. Si la revolución de las inversiones se va a dar, ¡las mujeres la van a liderar!

Power to the women.