Web 3.0

Estamos entrando a la tercera iteración de protocolos web que van a cambiar radicalmente la manera en que el valor se crea y se distribuye y sobretodo se captura. Esta evolución de la Web, probablemente será la mayor generación y transferencia de valor de nuestra era. En este ensayo te voy a explicar, porqué estamos entrando a la era de la “web del valor”.

La Web 1.0 –que existió desde los años 90 hasta el 2005– fue dominada por protocolos abiertos como HTTP (web) y SMTP (mail). De esa manera, compañías como Google y Amazon pudieron construir sobre estándares que sabían que se mantendrían de esta manera, por lo que podrían  “confiar” en ellos, al ser protocolos “abiertos” que no dependían de un tercero que los pudiera “censurar” o “apagar”. 

Como analogía, lo mismo aplica con el concepto del estado de derecho que permite crear una empresa en un país donde las reglas y las leyes son respetadas, por lo que se puede confiar en el entorno para que dicha empresa crezca. Por eso es tan importante para las empresas e inversionistas el poder confiar en el estado de derecho de los países en los que operan. Pues lo mismo sucede en internet. 

Los efectos de red o network effects empezaron a verse desde los inicios de la Web 1.0, pues mientras más usuarios adoptaron la tecnología, más creció el interés en compañías y desarrolladores por crear productos y servicios, y ambos se reforzaron mutuamente. 

Esta primera etapa estaba llena de proyectos e innovación, pero la gente solo estaba tomando cosas del mundo offline y poniéndolos en línea, como revistas y periódicos. La desventaja es que en esta etapa inicial los protocolos abiertos estaban limitados y eran difíciles de usar.

A partir de estos problemas de usabilidad y facilidad de uso llegó la Web 2.0, caracterizada por protocolos cerrados que operan compañías como AWS, Facebook, Apple, etcétera. En ellos, la facilidad de uso se volvió fundamental. Prácticamente puedes rentar algo de almacenamiento y construir software, o puedes crear tu propio perfil de Facebook y construir contenido para mostrárselo a millones de personas en línea, entre muchas otras cosas. 

Los network effects son súper fuertes en todas estas redes cerradas, y crean mercados donde sólo hay un ganador (véase, de nuevo, el caso de Facebook, Google, Apple, etc.) debido a la misma dinámica explicada anteriormente. La diferencia aquí es que encima de la red está una corporación con el sesgo de un incentivos económicos y por ende con conflictos de interés, ya que es más importante generar ingresos que permitir que los usuarios los generen.

Con este conflicto de interés a la vista hay varios problemas que surgen de esta segunda era de la Web. Aquí hay algunos de los más obvios:

  1. Monopolios. Estas plataformas cerradas se convirtieron en monopolios y en algunos casos crearon incentivos para censurar a los usuarios o poner a competir a los desarrolladores dentro de la red. Algunos ejemplos más representativos son Zynga con Facebook o Fortnite con Apple. Así que, en cierto sentido, en esta era se eliminó el estado de derecho en el que antes tanto desarrolladores como usuarios podían confiar. En la Web 2.0, a ambos se les puede sacar de las plataformas.
  2. Las tarifas o comisiones que las plataformas imponen a los productos son excesivas. Apple cobra un 30% de comisión de todas las apps que monetizan en su AppStore; YouTube hace lo mismo con un 50% y otras, como Instagram y Facebook, se quedan con el 100%, pues no comparten sus ingresos con los creadores aunque ellos son parte esencial de su modelo (contenido generado por el usuario, o user–generated content).

La Web 3.0 nace con una innovación fundamental: los blockchains. Básicamente estas son redes de las que usuarios y desarrolladores son dueños, y son sustentadas por tokens. El movimiento comenzó con Bitcoin y el modelo proof of work, pero ha florecido con Ethereum. 

Ethereum es un protocolo totalmente programable. Es una “súper computadora” ( dónde puedes escribir código y almacenar información) descentralizada y global que corre sobre millones de nodos, y no le pertenece a nadie (no hay ninguna compañía detrás de Ethereum, solo una fundación que supervisa la investigación y desarrollo). 

Dentro del blockchain de Ethereum, los “builders” o desarrolladores pueden crear tokens que, dependiendo de su propósito, pueden ser fungibles o no fungibles. Los tokens son súper importantes porque mediante ellos se les puede otorgar valor o control a los builders y usuarios en la comunidad, contrario a lo que pasa en una organización centralizada. 

Y, por ello, el valor se le va agregando a la comunidad, no a la corporación. Es decir: es egalitario por naturaleza. Alínea mejor la creación de valor y la captura de valor. Desde la perspectiva de la teoría de juegos hay skin in the game; es decir, su pellejo está en juego, por lo que todo quien posea un token tiene el incentivo de crear valor al construir, difundir, almacenar, etc. Al hacerlo, el valor se va multiplicando, así que todos son partícipes activos en la creación y captura de valor de los protocolos. 

Imagínate a Uber siendo propiedad de sus principales stakeholders –los conductores y usuarios, builders y desarrolladores– en vez de los dueños de acciones, lo cual es un mejor modelo ya que alinea los incentivos que la red necesita para florecer. Sobretodo le permite a los mayores generadores de valor (conductores por ejemplo en el caso de Uber) poder capturar proporcionalmente el valor que le generan a la red. 

Otro concepto importante aquí es la transferibilidad. Ya que las redes son globales y agnósticas, uno puede hacerse de propiedad sin importar las jurisdicciones o incluso entre plataformas. Imagínate ser dueño de tu propio nombre de usuario de Twitter y poderlo transferir a otra plataforma. Lo mismo pasaría con tus bienes y gadgets en Fortnite, tus bienes raíces, ¡o incluso el dinero! Todas estas cosas podrían ser habilitadas gracias a la Web 3.0. 

Evolución de la Web

La web 3.0 está aquí para quedarse y será la manera de capturar todo el valor que se genere en esta nueva innovación. ¿Qué esperas para entrar?

A participar se ha dicho.